Llevo un mes usando el vestido de lino que compré en la boutique y todavía no me decido si me gusta más la caída de la tela o el hecho de que no haya tenido que devolverlo por ningún defecto de costura. Lo pedí para una boda en el campo, pero terminé usándolo tres veces más: una cena en Medellín y dos tardes de trabajo en casa. El color azul petróleo se mantiene intacto después de cuatro lavados a mano, y los botones de nácar siguen firmes. Lo que más valoro es que la atención fue honesta: me advirtieron que el lino se arruga con facilidad y que la talla venía justa, así que no hubo sorpresas cuando lo probé. Es la primera vez que una compra de ropa online se siente tan calculada y tan personal a la vez.